Introducción desesperada
Aquí, en este lugar (tiempo-espacio), cuando el progreso indefinido se mantiene indefinido y con mucho progreso, nos comenzamos a replantear ciertos interrogantes que dieron por resultado, fobias, odios y guerra.
El hombre comenzó con las preguntas pero luego su ego, lo dejó ensimismado con sus propias preguntas y más fuerte aún con sus propias respuestas. Se preguntó por el origen del universo, hasta pelearse con lo dioses, se pregunto por el origen de las cosas, y se peleó con la naturaleza, se preguntó por el Ser y sucumbió hasta la tentación de Ser el mismo EL SER.
Muchas preguntas en la historia y en la protohistoria del hombre, un camino sin retorno y sin muchas mas soluciones, más que encontrarse con la más tremenda de las repuestas, su propia finitud material. Pero a pesar de ello, y con todo lo que implica su complejidad, también abrió caminos, creó destinos, inventó maquinas, recreó mitos.
Nuestra breve empresa pretende simplemente hurgar en una cuestión que creemos necesaria, y hablo en plural porque es imposible considerar que, si usted lector está leyendo esto, no exista una relación y una tarea en conjunto, por lo tanto tenemos al menos un tipo de comunicación y al existir ambos en este mismo instantes el uno para el otro, ya no estamos solos, ahora somos, NOSOTROS.
Decíamos breves pero no menos titánica, ya que lo que invita y convoca a este presente y breve – reitero- trabajo, es lo que al hombre lo elevó y a la vez lo hizo uno con el mundo, y cuando digo mundo, me refiero a la tierra, a los divinos, y los mortales (1).
En ese mundo relacional del ser humano habita un misterio para muchos, el del amor, misterio que muchas veces es acotado, retorcido y mal usado, por nosotros mismos. Y la pregunta por ¿qué es el amor? fue respondida con: absolutismos, relativismos, y materialismos. Es por eso que aquí lo que buscaremos es abordar la pregunta y encontrar algunas posibles respuestas que conlleven propuestas para nuestro cotidiano vivir. Buscando no caer, ni en neologismos ni en paradigmas estrafalarios. Y partimos de que el amor no sólo es misterio, sino también realidad.
Para esta tarea partiremos desde nuestra identidad occidental, Platón y Aristóteles, de estos filósofos, algunos conceptos vinculados con el amor, Kant y su ética por sobre el amor. Seguidamente, partiremos de las ideas que proponen Viktor Frankl y Anselm Grüm, sobre la fe, el amor y la esperanza, en búsqueda del sentido (2).
Así también agregaremos, a modo de interrelación, otros autores tales como: Sófocles Hegel, Nietzsche y Kierkegaard, entre otros que han abordado la cuestión del amor como algo más que una mera cuestión.
Sea la presente, una introducción para este trabajo monográfico.
1. Antiguos Amores
1.1. Punto de partida, del diccionario a Nicómaco
Quizá no podamos establecer a ciencia cierta cuál fue la primera cultura que se preguntó por el amor, pero es necesario establecer, para poder guiarnos en este recorrido, un punto de partida. Lo situaremos para nosotros en Grecia.
En Grecia nace una parte importante de nuestra cultura y desde Grecia nos llegan hasta nuestros días sus ideas del amor. Platón primero y su discípulo Aristóteles, nos muestran un recorrido del pensamiento filosófico sobres lo que el amor es.
Pero antes, si uno consulta a una fuente que puede estar a la mano y se apronta, predisponiéndose a las referencias que del amor hace por ejemplo el diccionario, encontrará los primeros esbozos de lo que para la gran mayoría, palabras mas palabras menos, es el amor.
“Amor: (del lat. amor, -oris) s. m 1. Conjunto de fenómenos afectivos, emocionales y de conocimiento que ligan a una persona a otra, o bien a una obra, objeto o idea: amor de hermano, amor a la pintura…. 8. Amor platónico El idealiza a la persona amada sin establecer con ella ningún tipo de relación” (3)
Aquí nos encontramos con uno de los primeros reduccionismo de lo que el amor es, se lo califica de sentimentalismo o idealismo simplemente y se pierden otras dimensiones. Es posible que el amor afecte al cuerpo, que lo movilice por alguna razón y por ende por algún interés, de la misma manera la idealización, en este caso se refiere al amor entre personas, ahora, ¿el amor es nada más que esto?
Otro diccionario, pero en este caso especializado en filosofía, se refiere con más amplitud respecto del amor, y hace una afirmación categórica: “Amor: es la fuerza primordial del espíritu dotado de actividad volitiva, fuerza afirmadora y creadora de valores. Desde el punto de vista de su esencia y de su núcleo vivencial es una actitud de la voluntad (…)” (4). Aquí aparecen más condimentos, se lo trata de fuerza primordial del espíritu y se lo vincula con algo muy importante en el ser humano, la voluntad.
Sentimientos, ideas, - no mundo de las ideas- , fuerza, energía, voluntad, son algunas de las implicaciones por sobre las que el amor, se nutre y es en sí todas ellas juntas.
Plantón plantea una situación central hasta arribar a la posibilidad de pensar en algún amor, el alma es inmortal y el cuerpo es corrupción y cárcel para el alma, aún así el alma que es eterna y también inmortal… “siempre permanece a través del devenir” (5) es por eso que si pensamos desde las enseñanzas de este filósofo, podríamos decir que el amor, si se encuentra en el alma, corre la suerte de ser cuanto menos perenne, que el amor está más allá de las cuestiones corporales como dice la definición del diccionario y que a su vez, sería muy difícil de comprender por mero razonamiento.
A lo anterior y al encontrar otro rastro griego de lo que el amor puede ser, nos encontramos con el amor como virtud en la filosofía aristotélica, manteniéndose dentro del alma, y ahora con un atisbo de amistad con la razón, por lo cuál ya no es tan inmortal como en el platonismo, sino más bien parte de lo propiamente terrenal, puesto que la idea de alma en Aristóteles difiere de la de Platón.
Aristóteles, en Ética para Nicómaco, escribe lo siguiente:
“Tras de esto habemos de inquirir qué cosa es la virtud. Y pues en el alma hay tres géneros de cosas solamente: afectos, facultades y hábitos, la virtud de necesidad ha de ser de alguno de estos tres géneros de cosas. Llamo afectos la codicia, la ira, la saña, el temor, el atrevimiento, la envidia, el regocijo, el amor, el odio, el deseo, los celos, la compasión, y generalmente todo aquello a que es ajena la tristeza o alegría”.(6)
El párrafo precedente lo coloca al amor en un plano nuevamente relacional entre las personas, forma parte de los géneros de cosas que componen el alma, precisamente es parte de lo afectivo. Se dispone desde aquí una cuestión más vinculado con lo que el hombre debe hacer con cada uno de esos tres géneros que, según el filósofo, son parte del alma eterna a la que se refería su predecesor y maestro en la Academia.
1.2 Amor como deber ser
Puede que el amor entonces hasta llegue a formar parte de las actividades, obras, que lleva a adelante el ser humano. Así las cosas Kant, va a dar un plus sobre la situación del amor en la vida del hombre siempre dentro del campo de los afectos y las sensaciones, pero encontrando una posibilidad de superación.
Kant en su escrito de Lo bello y lo sublime(7) se refiere al amor como algo que participa de ambas cosas, la belleza o lo sublime, pero lo condiciona y lo clasifica como algo fuera de categoría, es más, dentro de su filosofía ni siquiera es comprendido en el imperativo categórico, por ejemplo. En otra de sus magnificas obras, se refiere al amor como práctico o patológico, dejando en claro que si bien, puede ser un mandato, puede que al reunir unas ciertas características supere su “utilidad”:
“Así hay que entender, sin duda alguna, los pasajes de la Escritura en donde se ordena que amemos al prójimo, incluso al enemigo. En efecto, el amor como inclinación no puede ser mandado, pero hacer el bien por deber, aun cuando ninguna inclinación empuje a ello y hasta se oponga una aversión natural e invencible, es amor práctico y no patológico, amor que tiene su asiento en la voluntad y no en una tendencia de la sensación, amor que se fundamenta en principios de la acción y no en la tierna compasión, y que es el único que puede ser ordenado” (8)
Aquí aparecen cuestiones altamente importantes con las cuales se puede vincular el amor, ellas son: hacer el bien sobre el prójimo y aún, al enemigo. Entonces el amor desde aquí ya no es meramente una cuestión afectiva, ya que puede adquirir una dimensión más amplia, superar lo sensible y adquirir su propia fuerza desde la voluntad del individuo. El amor más profundamente comprendido puede superar pues, lo simplemente emocional e ir más allá.
Hasta aquí podemos pensar el amor y sus tres dimensiones bien conocidas; amor afectivo -.filia o phileo-, amor corporal y físico, - eros-, y el amor más difícil de llevar a la práctica por nosotros, el amor de Dios, el amor perfecto, - Ágape-. Nuestra accidentalidad no ha escapado hasta el día de hoy de buscar darle al amor un lugar privilegiado, pero aún hay mucho por hacer. Sino, reflexionemos sobre los siguientes autores y cómo buscaron, tras la respuesta sobre el sentido real de la existencia, el amo.
2. La búsqueda desesperada desde la existencia hacia el amor
2.1. De Kierkegaard a Hegel, angustia y reconocimiento mutuo(*)
Soren Kierkegaard, el filósofo que va a marcar una separación en relación con el absoluto como ese Otro, desde su crítica al pensamiento puramente abstracto. El existente no pone esfuerzo ni considera necesario otra cosa que no sea su propio existir.
El hombre, para Kierkegaard, es un reconocerse existente. Se produce pues, en el hombre, una gran tensión entre finito e infinito. Lo que logra, al fin y al cabo ese hombre, creo, es interesarse por existir. Esta existencia es la característica principal del hombre en Kierkegaard.
La diferencia con el filosofar desde Hegel, es que por medio de la abstracción va a dejar a un lado la existencia en sí. Pensar la inmortalidad desde la abstracción es olvidar la singularidad de la existencia.
Para Kierkegaard, el pensar abstracto medita por un lado una cosa y por el otro otra. Si bien hay una propuesta de identidad entre ser y pensar, en el fondo hay una separación, porque lo que caracteriza al hombre es más si esencia que si existencia.
A modo de cambio temporal, el pensamiento contemporáneo fue tratando de alejarse de las ideas rígidas e inmutables. Bajo esa pensar el existente, nos propone acercarnos a un movimiento, a partir de que éste mismo existente ya está en el tiempo, lo finito es en definitiva; cambio.
Otro de los signos es el de la categoría de la relación, que deja de ser una categoría accidental de la substancia, se vuelve necesariamente en una clave de comprensión .
Inter-esse va a ser el reflejo de la tensión en lo finito del existente, para la contemporaneidad del filosofar, se va a dar una mutación del concepto de sujeto, ya no siendo una unidad, sino más bien, un estar en contacto permanente con lo Otro.
Este Otro en la relación, puede ser, Dios, la naturaleza, los otros, que son quienes fundan esa relación.
El hombre entonces, puede aspirar a mejorar, pasar del amor temporal y sensual al amor espiritual y eterno. En esta existencia el ser humano puede componer una serie de aciertos y errores, más o menos plausibles, pero Kierkegaard no se va a quedar con esto solo, él propone tres estadios de la experiencia para que el hombre pueda encontrar una verdadera espiritualidad, a saber:
Estadio estético: es el hombre temporal, egoísta y sensual, abrumado por atender a las circunstancias del momento. Aquí ubica a Don Juan, como figura erótico- sensual.
Estadio ètico: se llega a él en el momento en que el individuo decide vencer su desesperación constante aceptando una norma de conducta. Es el momento en el que asume su deber, esa misión que lo conecta con lo universal formado por todos los deberes de todas las personas del mundo.
Estadio religioso: en esta fase, el individuo que se ajustaba a normas de conducta cuando deseaba vencer la desesperación, ahora lo hace en todas sus actividades, y entonces se vuelve continuamente ético. Esta medida ética se transforma, así en una medida eterna y sublime que deja al hombre en directo contacto con Dios, desgarrado de su sensualidad y de sus pasiones mundanas y de su particularismo.
Estos tres estadios son a mi juicio tres dimensiones, aún visto desde Kierkegaard, ya que una dimensión puede tener que ver con el tiempo-espacio, otra con la dimensión filosófica y finalmente la dimensión propiamente religiosa. La persona es una singularidad extrema que hace y vive interiormente su experiencia. Refleja muy poco de lo que vive y se convierte finalmente a algo ascético, quizá un especie de gnosticismo, el ser humano purificándose para ser uno con lo totalmente Otro.
El filósofo danés nos abre a un mundo relacional distinto que el de Hegel, su énfasis está en lo personal pero me da la sensación que va mas a allá que la relación con los otros, por eso al principio mencionaba, que el va a marcar una distancia enorme, con lo totalmente otro, con el absoluto. En el no hay un sistema que nos resuelve todo, no, nos deja esta sensación de pensarnos a nosotros mismos como valiosos. Pero permite encontrarnos con nosotros mismos, hacer una búsqueda, y recuperarnos de nuestras pasiones
2.1 De la fenomenología al reconocimiento mutuo
Un proceso, un camino, es el que va a hacer la Fenomenología que comienza por el alma o conciencia natural y finaliza en el saber Absoluto o Espìritu. Este proceso posee 6 instancias a saber:
1) Conciencia Natural
2) Autoconciencia
3) Razón
4) Espíritu
5) Religión
6) Saber Absoluto
Todo este proceso va estar signado por una característica principal: LA DESESPERACIÓN (Wer – zweifuring). Puesto que la duda (Zweifel), aquí, abarca todo y genera esta desesperación. Pero ella, no va a amedrentar a nadie, está para transformar, a diferencia de lo que para Hegel ocurrió con los modernos, los cuales trasladaron la fijeza y el sin sentido al sujeto mismo, sumiéndolo en un estado de vacío y estancamiento.
He remarcado dentro de las seis etapas del proceso, Razón y Espíritu, porque es la transición sobre la que he de hacer este escueto recorrido. Balls Plana, dice que Hegel empieza a estudiar el espíritu (9) luego de haber trabajado sobre la razón considera que, se ha superado el individualismo y hemos desembocado en la sociedad real con un cuerpo objetivo de leyes y costumbres. Este cuerpo político es un espìritu, unidad real de objetividad y plural subjetividad (10), reaparece aquí el individuo singular (11)
Este paso de la razón al espíritu va a registrar un estado de decadencia general y tal vez, creo, hasta la misma decadencia de la sociedad – estado. Todo lo que la modernidad había logrado sostener, desde la razón kantina erguida sobre el objeto, siendo ella una mera espectadora, una sociedad con una base política construida sobre el individualismo caerá por su propio peso, el cuál, radica en la burocracia y las apariencias de superación.
2.3 Mejor: el reconocimiento mutuo que aspirar al “frater natis”
Julio Llanos, dice:
Hablar de origen de la autoconciencia implica por necesidad hablar de una lucha a muerte por el reconocimiento. Sin esa lucha a muerte hecha por puro prestigio no habrían existido jamás seres humanos sobre la tierra. En efecto, el ser humano no se constituye sino en función de un deseo dirigido sobre otro deseo, es decir, en conclusión, de un deseo de reconocimiento (12)
Hay entonces una complicación que permite el encuentro con el reconocimiento al final:.. “cada una de las dos autoconciencias pone en peligro la vida de la otra y se expone así ella misma…” La muerte es la complicación en sí misma, ninguno de los dos en realidad puede permitirse desaparecer, tanto así que ninguno de los dos existe sin el otro
Respecto de lo que dice Llanos podemos acercar esta pequeña gran afirmación desde Hegel: “La lucha por el reconocimiento y el sometimiento a un señor es el fenómeno con el que ha brotado la vida en común de los humanos como comienzo de los estados”
Y entonces el señorío nada es sin la servidumbre y, si la muerte es la menos querida por ambos, por necesidad y reconocimiento, es claro que la posición tanto del siervo como del esclavo depende del lugar que ocupan, uno a partir del otro en este proceso. Pues se da lo que dice por ejemplo una autora argentina, la licenciada Gabriela Rebok:
“Se configura como señor quien verificó su libertad arriesgando la vida hasta el final. El siervo, en cambio por temor, quedo adherido a la vida a cualquier precio, aun el de la postergación de la libertad” (13)
Como ocurre con los padres de la Teología de la liberación, de nadie más depende la liberación del oprimido que del oprimido mismo. Pablo Freire tenía bien claro este concepto, consideraba que no se puede educar para la liberación del opresor si no se educa para la liberación de nuestra propia mediocridad y quietud.
Opresor y oprimido no pretenden ser iguales a la relación que en la dialéctica hegeliana se plantea entre el señor y el esclavo. Pero es claro que denotan su relación desde la fenomenología de Hegel y alguna impronta marxiana. Estamos acostumbrados desde aquel hito en la teología de fines de mediados de los 50`, sentirnos víctimas de todo, pero cuando nos tocó la panacea o de las “vacas gordas” o “del uno a uno”, no escatimamos en gastos ni reparamos en costos.
La violencia nos segó de pensar en posibilidad, en un absurdo y continúo enfrentamiento entre azules y colorados, peronistas y radicales, derecha e izquierda, circunstancias muchas veces importadas, es verdad, pero nada se manifiesta si no surge desde adentro, y la muerte fue superada por el secuestro y la desaparición de personas.
3. El amor de la tierra ¿Qué haremos por ella?
Dice Z: Yo amo a quienes, para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas: sino que se sacrifican a la tierra para que esta llegue alguna vez a ser del superhombre. (Z 36)(14)
Zaratustra antes de mencionar la no fuga del sentido de cultivar la tierra encontrándose con ella, con la naturaleza misma, va a haber salido del interior de la caverna gritando y haciendo ademanes extraños, como un loco que ve otro en el mismo lugar de donde se acaba de levantar, su lecho. Su aparente locura y exacerbada expresión, no hizo otra cosa que convocar de forma inmediata a quienes lo esperaban, los animales, y entonces profiere una serie de insultos que más que insultos son exhortos a salir del estado de pesadez, atadura y hasta de muerte.
Hay algo que ya no debe continuar como estaba, y algo que llama y clama por hacerse para dejar de lado un estado de nihilismo conformista y cómodo. Hay algo que quiere crecer y que no se puede evadir, es la vida misma, entonces hay un propósito que aparece y es el de accionar la vida, salir de la nada.
La tierra clama fidelidad y ella en sí misma, podríamos decir, es fidelidad. El convaleciente que se ha puesto al servicio y ha sacrificado todo para trabajarla y moldearla, tendrá su recompensa. El convaleciente como sacrificado y sufriente que hace esto es quién dialoga y no se deja tentar por la fuga, y a pesar del sufrimiento, danza y canta con los animales.
4. Sentido de la vida con esperanza que, mediante la fe construye el amor reparador y sanador
“Cuando se te dio el regalo de la vida humana, se olvidaron de darte un manual de instrucciones. Pero a otros se les ha dado equivocado. Estos últimos ven la vida como algo que los angustia, los llena de ansiedad, de miedo y deseos. Este es el resultado del manual que les ha proporcionado la cultura”(15)
-Antony de Mello-
Ya nos acercamos aquí a nuestra pronta conclusión. El amor es definitivamente más que una sensación, el amor comprende un individuo colectivo y social, único e irrepetible, que hace con otros y no se doblega ante la adversidad. El amor es también el reconocimiento del otro como un totalmente otro, pero que a su vez en ese mismo acto se reconoce así mismo sin dejar de ser.
Antony de Mello, nos habla de dos cuestiones, el regalo de la vida y lo que suele suceder cuando a ese mismo y bello regalo lo vaciamos de sentido y valor. Esto es posible que ocurra a diario, y es posible que se confundan las sensaciones de alegría con felicidad, tal vez éste individuo que somos atravesados por la cultura, juega a las escondidas con el amor, no se lo permite o le teme, porque se satisface en el presente inmediato sin más. Pero si acercamos nuestras expectativas a algo superior, es muy posible que la gran mayoría de estas situaciones se disipen.
“La palabra griega que designa la esperanza, elpis, se refiere a la espera de acontecimientos futuros tanto positivos, como negativos. En cambio, en la Biblia elpis describe siempre la espera en un futuro positivó, cuyo garante es Dios mismo”… (16)
Esta aclaración que nos hace Grüm en su bella obra fe, esperanza y amor nos remite a una búsqueda de sentido a través de las sagradas escrituras y más aún, de que nuestras propias inquietudes están sostenidas por LO que nos suple y anuncia esperanza en sí.
Más adelante hace otra aclaración:
“La palabra alemana hoffen (<>) está emparentada semánticamente con hüpfen (<>). En alemán antiguo esto significa originariamente <>”(17)
Y es cierto, si lo que nos espera aún está por llegar, es muy posible que nos movamos en pos de ello. Una alegría nos arremete, el saber que va a llegar y eso nos con-mueve, animándonos. Es por eso que hacemos-para, lo cuál nos da la actividad cotidiana, y aunque a veces rutinaria, no por eso menos importante. Si hacemos esperanzados lo que hagamos, es claro que lo que contagiaremos también será lo mismo, esperanza y alegría.
No hacemos las cosas porque sí, hacemos, creamos y recreamos, necesariamente para que la esperanza se diferencie del optimismo. Como dice este mismo autor respecto de la filosofía de Gabriel Marcel; “quien espera, en cambio, se encuentra en un proceso de formación.” (18)
Cómo ocurre con el ejemplo del padre que espera al hijo que está en el extranjero, también nos ocurre a diario, con los amigos, una noticia, un deseo por cumplir. Renovando activamente la esperanza, es como vamos aflojando la tensión que a veces nos hace doler nuestras fibras íntimas. Formarse es acudir y dejar que acudan, es aprender y enseñar, es ofrecer y aceptar.
5. Sentido de la vida y del amor, sin manual
Como bien se refiere Viktor Frankl, en su libro El hombre en búsqueda de sentido, es muy difícil que un medico pueda dar una respuesta acertada sobre la pregunta sobre el sentido de la vida. No se puede generalizar ni especificar una serie de tips, para dar a modo de receta un modelo a seguir para descubrir universalmente el sentido de la vida.
Esto quiere arribar a la idea de que la vida es algo más que vetustos manuales donde nos digan, para tal cosa haga esto, para tal otra haga esto otro, ¿o acaso nuestros hijos vienen con un manual bajo el brazo?, ¿el noviazgo y el matrimonio con sus complejidades se resuelven mediante un manual?... honestamente no creo.
La vida y sus implicaciones cotidianas no exigen algo más, y esto es hacernos responsables de un regalo, que si este regalo se nos hace pesado de desenvolver, no podemos parar a auto compadecernos de nuestra falta de riqueza para darle el valor que este regalo tiene, y ese sentido se descubre dentro del mundo no en nosotros mismos.
El amor se mansilla con cuestiones urgentes que creamos nosotros mismos, los deseos en su máxima expresión nos nutren de esas urgencias, y cuando queremos darnos cuenta de por qué a mí ya estamos enmarañados en una seguidilla de necesidades inconclusas o furtivamente satisfechas.
Conclusión
El amor más que un sentimiento un compromiso ciudadano
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros, que no tienen esperanzas”
1Tesalonicenses 4:13
Un perseguidor y homicida, se convierte al cristianismo, su mayor tarea fue mantener la obra de Jesús y asistir a las comunidades para que mantengan, la unidad, la fe y la esperanza. Este hombre, fiel a su fe debía hacer un examen sobre cuál de estas cosas era la más importante, no podía menos que dar cuenta de una mayo a todas estas y de la cual su Maestro dejó un legado que dura hasta nuestro días, el amor.
En El amor que sana, Ansel Grüm, se refiere a la superioridad del amor como elemento constitutivo del ser humano, esto no puede ser menos que el resultado de una trilogía que se viene manifestando a lo largo del presente trabajo.
Nuestro recorrido partió de Grecia para revelar que el problema del amor desde tiempos inmemoriales a estado en el corazón del hombre, y agregado a esto, el hombre viene haciendo un largo camino, enamorándose de sí mismo y odiándose otras. Pasa que la existencia es impredecible y en esa imprevisibilidad el hombre viene haciendo, y creo que este hacer no ha sido en vano. Pero como dicen los franciscanos, toma de todo lo que hay lo mejor, esta taré no es fácil, puesto que los autores sobre los que hablamos tuvieron serios problemas al pretender explicar al amor.
Lo que queda luego claro también, es que el amor está, como decíamos al principio, más allá de una mera definición del diccionario. De los estadios de Kierkegaard, donde no hay virtud valedera sin amor, y no hay amor para el hombre desesperanzado, hasta llegar al reconocimiento mutuo hegeliano, que descubre lo relacional indefectible para la construcción y reconstrucción de la autoconciencia.
Nietzsche, advierte que sino miramos al mundo y no nos hacemos mundo, sino traicionamos a la tierra como el perro carroñero que está sobre la superficie y nada sabe de ella, muy difícilmente podremos descubrir la importancia, y esto a titulo personal, del amor.
El amor se enriquece del hacer cotidiano y esperanzado del hombre, el amor no haya nido sino hay entre los hombres relación, por el amor en definitiva, ese amor, que todo lo puede, que todo lo espera, que no se envanece, que no reclama – más se brinda- es en el amor que nos dejó nuestro Señor Jesús con su entrega y nos invita a ser protagonistas de nuestras vidas con nosotros y con otros.
Es el amor que nos suele faltar en la política que se hace, cuando vemos tantos politiqueros peleándose por quedarse siempre con la razón, por decir una de las cosas con las que se quedan. Aunque hay amor igual, en la villas, en los altos edificios, en las empresas, en las instituciones, hay amor porque habemos habitando nosotros, solo hay que limar, primero nuestras propias contradicciones y elevar nuestro corazón para escuchar más que ser escuchados, para ayudar, mas que ser ayudados, para servir, mas que ser servidos, para dejar de lado, lo que nos ata y nos deja siempre solos, nuestro ego desmedido…nada es fácil y menos, amar.
Bibliografía:
(1) Términos utilizados en la filosofía heidegeriana, referidos a la cuaternidad del ser, cielo-tierra-divinos-mortales, parte de la filosofía de Nietzsche. Esto se puede hallar leyendo dos obras al menos, Zaratustra de Nietzsche, y Ser y tiempo de Heidegger.
(2) Conjunción de los libros “El hombre en búsqueda de sentido”, Viktor Frankl, Fe, esperanza y amor, Ansel Güm, y El amor que sana de Anselm Grüm.
(3) Diccionario Esencial, Santillana de la lengua española, pagina 61, Santillana, ISBN:84-249-345-1, ed. CAY FOSA, 13ª edición, Barcelona 1998, España
(4) Walter Burger, Diccionario de Filosofía, Pág. 57, 15ª impresión, 1ª edición, Editorial Herder, ISBN 84-2943-8, 2005, Barcelona, España.
(5) Diálogos, Apología de Sócrates, Critón, Laques, Fedón, Pág. 147, Editorial Brugera, ISBN: 84-02-0363-9, 1982, 5ª Edición, Barcelona, España.
(6) www.librodot.com, Ética a Nicómaco, archivo Pdf. Capitulo V, pagina 22 del libro I.
(7) www.librodot.com, Kant Immanuel, Lo Bello y lo sublime.
(8) www.librodot.com, Kan Immanuel, Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
(9) (10), (11), Ramón Valls Plan, Del yo al nosotros, (lectura de la Fenomenología del Espíritu de Hegel), - recomiendo leer toda la obra- . Editorial laia/Barcelona. España.
(12) G. W. Hegel, Fenomenología del Espíritu, Biblioteca de Filosofía, Editorial Nacional, Madrid, traducción, introducción y notas Alfredo Llanos, 2002, Madrid, España.
(13) María Gabriela Rebok, en Comunio, año 10, Nº 1, ( marzo de 2003) La cultura contemporánea: entre la interculturalidad fáctica y el desafío ético de una tarea intercultural. Págs. 25-37
(14) Frederich Nietzsche, Zaratustra, (36).
(15) Anthony de Mello, Autoliberación interior, Editorial Lumen, ISBN 950-550-020-3, Libor de Edición Argentina, Buenos Aires Argentina.
(16) Anselm Grüm, Fe, esperanza y amo
(17) Anselm Grüm, El amor que sana

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