Lo que quisiera tener…
Muchas veces que uno piensa tantas boludeces que si se le mente en la cabeza, la cosa menos insólita será que nos encontraran volando por la ciudad. Por ejemplo, por algún tiempo, casi ocho años, viajé bastante por casi toda la provincia de Buenos Aires, y algunas otras como Córdoba, o Entre Ríos. Y la verdad que en la ruta, cuando las distancias exceden los 100 kilómetros, uno piensa muchas estupideces.
Puedo enumerar infinidad de ellas, algunas con un viso de razonamiento lógico y otras, quizá la mayoría no tengan ni lógica, ni mucho razonamiento.
Como es evidente, me gusta hacerme el escritor, mejor dicho, yo me defino como “escribidor” un tipo que tiene pretensiones de artista, pero que no es muy capaz para ello, aunque a veces parece que sí. En fin, ahora ya saben que soy un escribidor y no un escritor. Pienso, como creo casi todos, muchas pelotudeces. Una de ellas fue que, viajando por la ruta 29, se me ocurrió que estaría buenísimo tener un asistente que mientras yo manejaba, escribiera toda la sarta de locuras que a mí se me ocurrieran, sin necesidad de andar con un anotador o cuadernillo para tomar nota de nada. Este asistente, no sería ni un “pepe grillo” ni nada de eso, simplemente se limitaría a escribir cada cosa que se me ocurriese mientras yo manejaba y disfrutaba de la paz Y del silencio en la ruta. En este sentido, lo de escribir lo que uno piensa, se me ocurrió que éste asistente tendría que ser alguien de mi máxima confianza, pero surgía un problema, TENIA QUE PAGARLE. Bué, me dije, no sé, no le pagaría un sueldo, tendría que ser como una especie de notario que reciba a cambio de bancarse anotar mis taradeces, un servicio por mi parte, como un trueque o algo así.
¿Pero qué le podría ofrecer yo a cambio de eso?...bueno, como yo me creía un tipo espectacular, en realidad el tendría el privilegio de ser mi asistente y así, este tipo pasaría a la historia por ser quien me acompañaba pasivamente en varios momentos de mi vida escribiendo lo que yo pensaba. Así que me saqué el sentimiento de verme obligado a darle un mango, nada de culpas señores.
Claro ustedes dirán, ¿por qué un tipo y no una mina?... la respuesta es clara: sería un quilombo.
Y vos...¿que quisieras tener?
Muchas veces que uno piensa tantas boludeces que si se le mente en la cabeza, la cosa menos insólita será que nos encontraran volando por la ciudad. Por ejemplo, por algún tiempo, casi ocho años, viajé bastante por casi toda la provincia de Buenos Aires, y algunas otras como Córdoba, o Entre Ríos. Y la verdad que en la ruta, cuando las distancias exceden los 100 kilómetros, uno piensa muchas estupideces.
Puedo enumerar infinidad de ellas, algunas con un viso de razonamiento lógico y otras, quizá la mayoría no tengan ni lógica, ni mucho razonamiento.
Como es evidente, me gusta hacerme el escritor, mejor dicho, yo me defino como “escribidor” un tipo que tiene pretensiones de artista, pero que no es muy capaz para ello, aunque a veces parece que sí. En fin, ahora ya saben que soy un escribidor y no un escritor. Pienso, como creo casi todos, muchas pelotudeces. Una de ellas fue que, viajando por la ruta 29, se me ocurrió que estaría buenísimo tener un asistente que mientras yo manejaba, escribiera toda la sarta de locuras que a mí se me ocurrieran, sin necesidad de andar con un anotador o cuadernillo para tomar nota de nada. Este asistente, no sería ni un “pepe grillo” ni nada de eso, simplemente se limitaría a escribir cada cosa que se me ocurriese mientras yo manejaba y disfrutaba de la paz Y del silencio en la ruta. En este sentido, lo de escribir lo que uno piensa, se me ocurrió que éste asistente tendría que ser alguien de mi máxima confianza, pero surgía un problema, TENIA QUE PAGARLE. Bué, me dije, no sé, no le pagaría un sueldo, tendría que ser como una especie de notario que reciba a cambio de bancarse anotar mis taradeces, un servicio por mi parte, como un trueque o algo así.
¿Pero qué le podría ofrecer yo a cambio de eso?...bueno, como yo me creía un tipo espectacular, en realidad el tendría el privilegio de ser mi asistente y así, este tipo pasaría a la historia por ser quien me acompañaba pasivamente en varios momentos de mi vida escribiendo lo que yo pensaba. Así que me saqué el sentimiento de verme obligado a darle un mango, nada de culpas señores.
Claro ustedes dirán, ¿por qué un tipo y no una mina?... la respuesta es clara: sería un quilombo.
Y vos...¿que quisieras tener?
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