Entre las cosas con las cuales luchamos habitualmente, es la falta de risa o sonrisa, ¿mueca de alegría?.... Por ejemplo, a la mañana uno sube al subte, y vamos todos con una cara de orto que da miedo. Caras de dormidos, caras de enojados porque tenes que bancarte el puto laburo que pudiste conseguir desde hace dos años y donde tu jefe es un forro pisa cabezas y tu compañero de oficina le sigue el carro. Caras de angustiados, porque sabemos que hoy se vence la ultima factura de gas y no podemos hacer otra cosa que pagarla aunque estemos ajustados. Se complica a veces, es cierto ponerle como se dice ahora un poco de onda a lo cotidiano. Aunque podríamos darnos cuenta que lo que nos pasa es algo virtual, tan virtual como internet, realidad ésta que se transforma en muro infranqueable a la hora de hacernos los contemporáneos. Nos miran mal, miramos peor, nos cuesta pedir bien las cosas, vamos predispuestos a arrancarle la cabeza al que se nos cruce, empleado del estado, policía, maestro, porque estamos calientes con alguna injusticia que cometieron con nosotros, entonces a la bosta todo. Perdemos la picardía que da una sonrisa cuando tenemos que ir a alguna oficina publica, si claro, el empleado es otro que nos mira con odio, porque tiene que aguantar nuestro reclamo y el de un montón de estúpidos como nosotros, que estamos cansados de que nos metan el dedo en el culo y como no tenemos suficiente poder individual para ir al político de turno y romperle la cara, nos la agarramos con el pobre pelotudo o pelotuda que está de turno, tan cagado por los mismo hijos de puta, igual que nosotros. Se complica eso de sonreír, o tener los dientes a la vista como las pajeras de la tele con el orto hecho de distintas formas incluso por un cirujano, o los terriblemente inteligentes que conducen programas y se cagan hasta en las cosas más buenas y las ensucian con un auspiciante automáticamente. Qué mierda vas a tener ganas de sonreír, cuando te muestran continuamente un montón de cosas que, o nunca vas a tener o al menos se te va a hacer difícil. ¿Sonreír? Ni en pedo…(jajajaj yo también lo digo)…La cosa es que uno puede sonreír por un montón de otras experiencias que tenemos a diario, un hijo que te abraza antes de entrar al colegio, el desayuno con tu esposo, aunque sea ese momentito a la mañana y a las apuradas es vida juntos. Sonreír por las ganas que le pones a pesar de los forros que puedas tener el tu trabajo o tal vez distinto, porque precisamente en el trabajo te vas a encontrar con esos locos lindos, que te hacen cagar de risa, hasta que te cae la ficha de las cosas feas cuando traspasas la puerta de la empresa, hospital, o lo que sea donde laburés. Pero sí, hay más, te podes reír de vos mismo, pensando en que si bien te equivocaste en algo no vas a perder ningún tren, ni hay obligación de que te aguantes mas ningún pariente de marido, negociá y dejate de joder. Digo, no sonreír pelotudamente como esos locos que se la dan de re espirituales o que todos pertenecemos al cosmos infinito y somos uno con la argolla “saturniana” que está en la casa nueve y que en el horóscopo chino se hace gato y mono …naaaa!...Sonreír es, cagarte un poco de risa, del sinsentido que suele tener a veces la vida y recobrar el sentido de la alegría porque precisamente, siempre hay algo que vale la pena.
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