Vamos siendo…
Cómo es posible que nada nos impresione. Mordisqueamos nuestras milanesas mientras vemos la muerte en cualquiera de sus apariencias y en cualquiera de sus formas. Muertes reales, un accidente, un asalto, videos de bancos o supermercados de chinos robados. Nada, solo salen frases como ¡que barbaridad!.. Es muy posible que nos hayamos vueltos inmunes o tal vez desarrollamos una especie de coraza anestésica, lo cual nos impide poder conmovernos, con la sangre, con el dolor del otro, frente a la injusticia.
Inconmovibles sería tal vez el calificativo que nos cabe, un accidente en la calle, nos provoca dos reacciones, o nos quedamos como veyeuristas mirando desde un rincón como si nos fascinara, ver a un tipo muerto en la calle, o a una mujer aprisionada entre dos autos. Si vemos una pelea seguimos nos hacemos los boludos, y seguimos afirmando la cultura del “no te metás”. Se nos agrega otra característica cuando nos pasa a nosotros, cagones o violentos, a ese extremo.
Cagones porque evitamos confrontar y hasta evitamos pensar, entonces otra vez esta cosa de no, dejá… o una discusión imprevista con un colectivero o un taxista, solo nos vamos caminado en silencio, mientras el otro nos putea en mil idiomas. Ni siquiera se vuelve para decirle al otro no, mirá, me parece esta no es la forma de tratarnos (¡¡algo!!). No, nada. La justificación es, con los problemas que yo tengo… Nos volvemos tan racionales, hasta la estupidez.
Violentos, qué mejor que un ejemplo vivido. Un día salíamos con un amigo de una reunión en plena avenida Beiró, de golpe escuchamos un griterío y a pocos metros, un auto rojo atravesado frente a un colectivo. Un hombre joven golpeando con su puño el parabrisas del colectivo, el colectivero inamovible en el interior del bondi haciendo gestos provocativos, y el tipo que estaba abajo insultándolo y desafiándolo a pelear. En el interior del auto rojo, un niño de unos seis años llorando y a los gritos del miedo que le provocaba esa situación, junto al nene su mamá tratando de calmar a los gritos al pibe y puteando desde adentro al colectivero.
Cuando nos acercamos con mi amigo, mientras el resto miraba y no se metía ni que los empujen, el hombre que golpeaba el parabrisas temblaba, hablé con él, le expliqué poniéndome entre el colectivo y el que se diera la vuelta y mirara a su hijo y a su esposa, que en ese momento descubro al verla salir del vehículo, estaba embarazada. El tipo al borde del llanto y al borde de subirse al colectivo para pelear al chofer, baja un par de cambios y finalmente logro que saque el auto a un costado de la calle, - anotá los datos del vehículo, mirá las calles y anotalas, te doy mi teléfono si necesitas un testigo, pero no empeores las cosas…
Seguramente el tipo no quería matar al colectivero, es más, el acusaba que le venía tirando el colectivo encima, y por eso reaccionó así, pero su auto rojo no tenia mas que un raspón ¿justificaba terminar en cana o con la cara rota?...en fin, o somos cagones o somos violentos, pasamos de un extremo al otro y mandamos al carajo cualquier tipo de teoría sociológica o psicológica. La calle se presenta como realidad inevitable, no es la tele, es la realidad de la calle, ahí no podemos tocar un botón y prepararnos unos mates o tomarnos un café.
Lo conveniente…
Parece que estamos cada vez mas acostumbrados a eso, lo conveniente. Nos acostumbra la irrefrenable posibilidad de quedar bien, de dejar mal parado a otro, de creernos mejores que otros, o simplemente para zafar. Nuestra estupidez no tiene límite a la hora de ser “convenientes”.
Muchas veces se nos hace muy fácil agazaparnos detrás de un discurso pomposo, con un sesgo racionalista y hasta conciliador frete a una situación conflictiva. Pero nada, seguimos siendo los mismos vacíos y pelotudos, que nos pasamos por el culo cualquier afecto, o compromiso con nosotros mismo o con el otro. Claro, es más cómo mirar para otro lado, sentirnos superiores porque no ponemos nuestras opiniones frente a otros, es mejor no tener quilombos ¿no?...
Eso se ve en nuestra historia, que como la historia del mundo está llena de traiciones y venganzas, ésta última es terrible también. Lo que ocurre es que sencillamente a veces los traicionados mandan al carajo cualquier postura de paz o de comprensión, y se acuerdan que también sienten, que hay cosas con las que no tranzan e inmediatamente piensan en la venganza como posibilidad aunque sea solapada.
Lo conveniente siempre fue cómplice del orden social de turno. No era conveniente ser músico y dedicarse al folclore o al tango en una época, no es conveniente hablar de cosas serias hoy y al menos desde hace uno 15 años. Para qué “si está todo bien”… ¿no?”. Lo conveniente produzco la cultura del “por algo se lo llevaron”, lo conveniente en definitiva es lo convencional y lo convencional nos mantiene en un estado latente de apariencia tan razonable como idiota. Lo conveniente es el bolsillo, “que se vayan todos” fue conveniente también, pero también fue conveniente la transversalidad y el discurso inclusivo.
Ah!...ya sé, ya sé, usted dirá pero este tipo ve todo para la mierda. Nop, se equivoca, para decir eso me tiene que conocer no basta leer un blog y hacer opinología sobre lo loco que otros piensan. No se puede leer a Hegel sin conocer su biografía, pero este prestigioso alemán murió hace rato, yo estoy vivo o al menos eso creo. Si va a criticar sobre lo que escribo, cierre el culo, porque ni siquiera se tomó la molestia de conocerme. Ya verá que no veo todo como el orto, pero eso no significa que hay que ser conveniente también para escribir, ¿o si?
No te hagas el revolucionario…
Fue lo que me recomendó una vez un tipo que estaba a cargo de los planes trabajar en un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, donde yo hacía como que trabajaba, igual le hicimos un paro por falta de pago, cobrábamos por quincena y se corría la bola que “alguien” se estaba quedando con un vuelto. Tal vez, o la palabra o ver a un negro cabeza que se le plantaba en frente para reclamarle algo e increparlo le haya caído tan mal, que lo asoció con revolución. Nada más lejos.
Pero parece que a mucha gente hay palabras que le causan urticaria, porque las asusta, porque les trae viejo recuerdos, o porque su manera de pensar está exactamente en la vereda opuesta al significado de esas palabras.
Varias veces para calificar a un tipo que parece defender cuestiones populares, como justicia social o derecho de trabajadores, o derechos de algo, (si es que es tan necesario defender algún derecho), lo califican de “zurdito”. Por ahí el tipo es un neonazi, o un hitleriano frustrado, no sé, pero si el tipo habla o defiende esas cosas, le dicen, - pero si este es un zurdito de mierda… Ja! Me río.
Abría que preguntarle a más de uno, de los que en un comienzo apoyaron la gestión “ca” si los siguieron porque parecían zurdos o porque estaban convencidos que llevarían un plan de gobierno pseudo-populista, o porque salta la sangre montonera por todos lados, y no me refiero a las montoneras de Güemes.
Tendríamos que preguntarnos nosotros qué carajo votamos cuando vamos a las urnas, (ya hay gente que lo hace y eso es muy bueno), pero tenemos que dejarnos de joder con tanta implicancia llena de apariencias al momento de referirnos a alguien. Porque es fácil hablar, el problema es comprometerse con lo que uno dice. DECIR ES HACER, pero es tan difícil. Entonces nos quedamos cómodamente con nuestro puesto, o nuestra posición, callamos, cerramos el culo, y la cosa sigue. Y después les reclamamos a los pibes que se comprometan políticamente, mientras nos rascamos las bolas sentados cómodamente tomando un café o haciendo una comida “como la gente decente”…
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