Adiós...


…te digo adiós y acaso, te quiero todavía… dice una parte de una de las tantas bellas canciones que cantara el gran Horacio Güarany. ¿A qué le decimos adiós? Es otra de las experiencias con las que convivimos y sólo "nos pega" de frente cuando es terriblemente trágica, o no, llena de emociones previstas o imprevistas. En el interior de la provincia de Buenos Aires y del país, más que nada, o en personas mayores de 45 años (en la gran ciudad), el “adiós”, atento y generalmente acompañado por una mirada y un gesto de agachar levemente la cabeza, aparece en el saludo. Es un adiós que puede estar diciendo, - pase nomás… o, - hace rato no lo veía, que bueno verlo bien. Está el que puede estarle diciendo a una joven, - adiós bonita…qué lindo que se vá… El adiós, es cotidiano, porque suele ser una despedida de alguien que se está por ir a un largo viaje, despedimos con un adiós, también a nuestros seres queridos en el momento de la muerte. Adiós, le decimos a algunas costumbres, porque nos dañan o porque nos aburren, es como un adiós que dice basta, hasta acá llegué…“que ya no te necesito”…. Está el adiós a los recuerdos, otra forma de decir basta, basta de de ustedes - recuerdos- , adiós a esos hechos, acontecimientos, anécdotas, que si bien nos conmueven,  nos conmoverán para mal. 

El adiós a los dolores, a los fracasos, al letargo, cuando nos ponemos en acción para no quedarnos derrotados. Decimos adiós a los miedos cuando necesitamos decirles (como si fueran entidades) si me quedo con ustedes – los miedos- terminaré por no hacer nada.

También es difícil el adiós desde la mirada de un niño. Se complica. Una vez con mi esposa, cuando nos cayó la ficha de que nuestra perrita estaba entrando en varios años de vida (para un perro 14 años es mucho), y necesitábamos hacernos a la idea de la despedida. Tratamos de encontrar una nueva mascota que integre la familia. Buscamos,  y de repente apareció “Hércules”.Sólo su negrura en el pelaje es lo que tiene semejante al Olimpo. El comenzó a convivir con nosotros, bello, labrador, cachorro, encantador. A esto se le agregaban otras características, rompedor, descuidado, hambriento. Crecía mas de lo que esperábamos. Pesaba cada vez más.  Tomamos dos malas decisiones, una,  fue traerlo a vivir con nosotros, lo que implicó que nuestro hijo se encariñe con “Hércules”, otra, tener que entregarlo a una nueva familia porque se hacía muy difícil convivir con él. El que tuvo que aprender a decir adiós, un adiós real y sentido, sin dobleces ni mentiras, un adiós que quizá, en el fondo de su joven espíritu se transformó esperanzadamente en un - hasta luego, te voy a extrañar mucho.; Fue el adiós de nuestro pequeño hijito a su perro, quién debió aprender también de golpe, de repente, que a veces los padres juegan a ser dioses, que todo lo proveen y todo lo quitan. Ese adiós fue uno de los más sentidos que he visto en mi vida…Hasta pronto Hércules, hasta siempre Candy.

https://www.youtube.com/watch?v=ao9wyogAlZI

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