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Usted se está excediendo, no debe actuar así. ¡A bueeno!, ahora resulta que si no puedo más de la calentura por alguna forreada que me hiciste, y te cago a puteadas, el que se excede soy yo. Un exceso es aquello que está fuera de lo normal, o de lo permitido, que está fuera de los límites. Hay exceso de muchas formas, nos excedemos al decir algo fuera de lugar, hay exceso de confianza, por ejemplo nos excedemos al comer vorazmente. Está el exceso social, el exceso afectivo, el exceso legal, el exceso permitido – una contradicción ¿no?- Sí, hay excesos permitidos. El exceso social más burdo sería el de andar en pelotas por la calle. Uno se excede socialmente cuando se agarra un pedo macuco y va rodando haciendo zetas o “s”. La violencia es un exceso quizá, cuando nos insultamos desde los autos, cuando nos miramos mal en el colectivo o en subte, la violencia latente, enojados, malhumorados, como esperando que alguien nos diga algo para contestarle mal. Excesos buenos y malos, ¿o sólo son malos?...Uno puede exceder el límite de tiempo, dejando el auto estacionado. Nos excedemos de caricias, hay excesos de besos, ¿eso está mal? En una fiesta cualquiera aparecen los excesos, pero también habita entre nosotros y desde nosotros, el exceso de poder, ese que quita la respiración, dentro de varios contextos hay excesos de poder. Desde las instituciones, (salud, seguridad, educación), se hace abuso excesivo de poder. Conozco una docente de nivel terciario, que ha sido y es ,tan excesiva en su mal uso del poder, que ha martirizado a varios de sus alumnos, los ha humillado, denigrado, los ha hecho llorar y temblar te miedo. Es terrible, pero eso ocurre aún dentro de instituciones muy nobles. Nada nos libra del exceso, hay excesos de cordura y a veces suena a cobardía o se huele crueldad en medio. Los excesos nos suelen dominar. Dentro de las familias, una madre o un padre, golpea o insulta a su hijo o hija, eso es un exceso que muchas veces hasta es bien visto. El exceso de controles, termina por transformase en persecución. Una excesiva cantidad de medidas por parte de los gobernantes hace que ninguna se lleve adelante. Se excedió mi padre, cuando me golpeó con un rebenque. A veces me excedo yo, con un grito, o con un insulto. El exceso es seductor muchas veces, alguien que tiene tendencia a los excesos suele ser una combinación explosiva de líder y víctima de sí mismo. Los excesos son permisos transgresores, cohabitan con las represiones, los instintos y los límites, rompen con los parámetros establecidos y a veces se convierten en enemigos silenciosos y solapados tras la fachada de las fiestas y el jolgorio. Somos excesivos porque necesitamos a veces de los excesos, exceder la norma, pasar por encima, los solemos necesitar porque a esa altura nuestras represiones nos han superado. Exceder al estilo de la hybris griega suele devenir, cuando se sobrevive a ella, en la más férrea normalidad. Porque el exceso como el tótem ,asusta…
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