Hay una necesidad urgente, procurar que la experiencia nos forme conciencia y nos permita tener una mirada más amplia sobre nuestra realidad social y política. Darnos cuenta que no somos eternos, permitirnos el encuentro más allá de las diferencias y mantener las fortalezas institucionales las cuales no deben impedir la profundización de un proceso que apunta hacia la Patria Grande , sobre esto no debe haber dudas, aunque sí claridad sobre los aciertos, los errores y las falencias humanas que a veces suelen ser terribles. Dejar de molestarnos sobre los desaciertos pero conservar la memoria reciente e histórica. La muerte marca la vida, si es que se aprehende, le renueva el sentido. Profundizar un proceso no significa radicalizarlo, sino mantener una ética discursiva y de acción, sobre lo cuál tampoco debe haber más discusión que la mejora del mismo. Si nos permitimos la estupidez de la eterna fractura entre nosotros, que no es lo mismo que mantener una sociedad politizada, lo único que conquistaremos es más fragmentación y menos libertad, la cual costó ya mucho y puede que cueste más aún, puesto que la libertad y la independencia política y económica, desde lo micro a lo macro, se conquista todos los días. Aún debemos aprender hacia dónde queremos ir con más claridad, esto no significa que no busquemos, justicia, libertad y soberanía. Lo que sí significa es que nos debemos declarar con firme convicción, que debemos comprendernos, que debemos actuar bajo un claro pacto social y político, donde debemos asumir mas que nada nuestras derrotas internas y de esta forma podremos aprender a ponernos al servicio de los que, dentro del marco democrático, ganan y si ganan es porque la mayoría de la sociedad lo eligió y si los eligió, no puede ser que un puñado de desconsiderados estén siempre por sobre el pueblo. Ya tenemos demasiada historia de derrotas totales, es decir de todos, donde nadie gana; y esas derrotas siempre fueron cuando se manipuló al pueblo contándole sólo una parte de la historia y así se lo subyugó, dominó, se le quitó las conquistas y se le pretendió quitar la dignidad. Perdimos siempre cuando quisimos que se vayan todos, perdimos cuando creímos que alguien era insustituible y no supimos comprender sus ideas ni defenderlas sin él. Nada peor para una nación que la zoncera de dar la espalda a sus líderes, a su dirigencia, porque se transforma en un pueblo inútil y cobarde. Así, si nos dejamos llevar por el oportunismo vil y no por los proyectos comunes, si nos dejamos llevar por los intereses de un solo sector y no por la justicia social, por la cultura del trabajo y el esfuerzo, nos convertiremos una vez más, en colonia, y en la peor de las colonias, la que se dejó colonizar por confundir rival con enemigo.
Manuel Valentín Coria
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