En la mañana enciendes
ese fueguito azul, pequeño
y con la luz primera crece
el sabor, el candor, el amor
Se va probando a sorbos, el verdor
de la amargura dulce de su voz
y en una quieta algarabía así
uno disfruta del calor y su verdor
Una tibieza intensa en una punta
un conversa suave entre los cumpas
y lo que crece, crece inevitable
como la noche, luego de la tarde
Beso tras beso, compartido
como la simple brisa de verano
en el invierno cruel abriga
las madrugadas frías en sus manos
Con un cuidado tierno se comparte
con la fuerza de la tierra se combida
en una rueda, en el hogar, tras las comidas
es la potencia del mate, belleza y compañía.
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