"Uno cuida lo que tiene", se dice habitualmente.
Pero ¿qué es eso que tenemos, algo de nuestra propiedad? ¿Qué queremos cuidar?
Uno cuida lo que cree propio, cuida de las personas y de las cosas. Cuando
cuidamos a éstas últimas, las cosas, nos solemos volver nada más que objetos
cuidando objetos.
Ahora, cuando de lo que se trata es de cuidar personas,
se suele volver más complejo el acto de tornarse cuidadoso. Una madre que deseó
y parió a su hijo, lo cuida, ocupándose de sus necesidades, de su educación, del
bienestar en todo lo que más pueda. Un padre lo mismo. Mientras, que, cuando
nos toca ser solo hijos e hijas, cuidamos de nosotros mismos, muy poco suele
importar otro cuidado que el propio, salvo cuando se trata de novios o novias,
y ahí el cuidado pasa más por el deseo sexual que por otro deseo.
Se cuidan los amigos y creo, ése es uno de los
cuidados más nobles, hasta los griegos y los chinos, dos culturas milenarias,
sostenían lo mismo. La amistad creo yo, dignifica tanto como el trabajo, a los
seres humanos. Es por ello que se hace más noble el cuidado entre los amigos. Ese
cuidado, no está teñido por otro interés más que el no perderse de la compañía del
amigo o de la amiga, porque ellos se vuelven imprescindibles para trascender de
nosotros mismos. Los verdaderos amigos, son los libros bibliográficos de
nuestras vidas, que jamás nos traicionarán.
La nobleza del acto de cuidar a otros y de
otros, implica algo más que la tan mentada y mal usada, responsabilidad. El
cuidar implica dejar a un costado el factor tiempo y dedicarme a ese otro,
cuando me necesita y cuando no. Porque cuidado, implica también velar, esto es,
estar despierto-atento para que, a quien cuido, la vida lo encuentre lo más
fortalecido posible. El cuidar entonces es un acto de despojo y entrega, que
nada tiene que ver con la obsesión de la sobreprotección, ni con la obsecuencia
que se torna molesta siempre. Cuidar, como entrega y despojo, es escuchar y
contestar, es dejar que otro se equivoque y marcárselo, sin necesidad de
transformarnos en jueces perversos. Ser cómplice pero no un estúpido
complaciente todo el tiempo. Cuidar es también decir no. Cuidar es aprender a
manejar la ira y la violencia. Cuidar también es tolerar el momento de idiotez.
Y están los que no cuidan a nadie, los malos
gobiernos, los malos políticos, los policías corruptos, los artistas que
callan, los periodistas que mienten, los curas que violan, los pastores que
sólo recaudan, los intelectuales de escritorio, los docentes que se limitan a cumplir para
cobrar un sueldo, los alumnos que sólo se quejan. Y ahí, entre todos ellos,
solemos estar todos.
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