Lo que cansa no debe darle lugar al desgano


Lo que cansa no es el agotamiento físico ni mental. Lo que cansa no es aquello que no estaba previsto que suceda o que sucede en forma espontánea. Los que ocurre en exceso repetidas veces hasta el aburrimiento , eso llena demasiado.

Superar las expectativas resulta cargoso. Lo que cansa no es lo físico o lo mental, cansa lo que agota a lo físico y lo mental. Esas cuestiones, las que cansan, son reiteraciones, repeticiones permanentes, olvidos sistemáticos. No son los golpes, o los maltratos, esas cosas hartan y por lo tanto, lastiman las fibras más intimas, pero no cansan, HARTAN.

Lo que cansa, es lo que produce un desgano espiritual, que no es aquello que no está previsto, sino lo que se quiere repetirse hasta el aburrimiento. Lo que cansa es la osadía permanente de la maldad sobre el bien. Cansa la incomprensión al momento de comunicarnos, o por Internet, o por un teléfono o por las miradas que no tienen eco. Lo que cansa, abruma muchas veces.

Lo que deja de ser un desafío, porque se agotó el por qué hacer lo que se está haciendo. Se convierte, entonces, en aquello que, seguro, no se quiere más.

Cansa hacer filas para todos los trámites, cansan las peleas sin sentido y más aquellas que no tienen pasión, que solo son eso, meras peleas. Cansan los políticos sin proyectos. Cansan los pelos cortos y las faldas cortas. Cansan las publicidades y el noticiero. Cansan lo canales de 24 horas de noticias o 24 horas de dibujos animados que repiten una y otra vez. No cansa la vida, cansa la forma en que se vive y en el cómo uno elige permanecer haciendo algo en ésta vida.  

Cansan los no adictos que odian a los adictos y los adictos que quieren volver a todo el mundo adicto a algo. Casan los servicios de Internet que no resuelven tus problemas de socialización, sino que son un abrigo para la estupidez sin sentido, que lo único que logran es mantenerte anónimo, aislado, obseso.

Cansan los geniecitos que nada saben de la vida cotidiana más que específicamente de algo y sólo eso. Cansan los discursos moralizantes y más, los elevadamente razonables. Cansan los que se creen totalmente cuerdos… como si la cuerda no sería un absurdo.

Cansan las personas quejosas y opositaras porque sí. Cansan los “alumnos iluminados” que se niegan a su destino y los “alumnos- alumnos” que no se animan a descubrir su propia luz. Cansan los profesores que no se animan más que a cobrar un sueldo o se limitan a ·”enseñar” según el programa oficial. Cansan los aburridos de otras cosas que devienen en docentes y el sistema así lo permite. Eso cansa.

Cansan los directivos que dicen ocuparse de su gente y en realidad se preocupan por su jubilación. Cansan los precavidos y los previsibles. Cansan los borrachos que sólo son borrachos. Cansan los violentos que eligieron la violencia por dinero y nada más. Lo que cansa no es lo que afecta a lo físico ni a lo mental, sino a la ética, al bien de querer ser uno mismo, cansan al amor de los hombres y las mujeres. Lo que cansa es la desidia, la permanencia sin más, el egoísmo atroz. Cansan las madres que nunca desearon ser madres y se jactan de los logros de sus hijos, porque suplieron alguna vieja frustración personal.

Cansan los filósofos sin pensamiento ni criterio propio. Los filósofos sin poesía, ni pasión. Los poetas sin filosofía. Los filósofos que dan clases con apuntes ajenos. Los místicos sin filosofía, los pedagogos sin sentido político. Cansa la lluvia sin día gris, un culo sin bombacha, un orgasmo sin lengua, el tantra practicado estúpidamente. Cansa lo genital sin pasión, lo corporal sin amor, aunque sea un amor verdadera y originalmente nocturno y fugaz. Cansan los besos sin lengua y los labios no mordidos.

Cansan los hombres que se creen importantes y las mujeres que se creen imprescindibles, porque ambos, cansan por ser así. Cansan y agotan. Cansan las histéricas, los pedantes y los babosos. Cansan los perros con pedrigee, las peluquerías caninas y los que bañan a los perros.

Lo que no debe cansar, ante tanta estupidez sistematizada, es animarse a ser y atenerse a las consecuencias. Aunque vengan degollando. No al cansancio, si a luchar contra el desgano, todas la veces que sea necesario y de todas las maneras posibles. Escribiendo por ejemplo. Jé.

Salud.

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