Aprovechando la
veda electoral, (que sería algo así como llamarse al ostracismo y a la virtud
de la contemplación), no quiero escribir
sobre si funciona bien o mal el sistema electrónico de voto, o si la intención
de voto está para un lado o para otro. Tampoco si espero que gane tal o cuál,
los que me conocen de verdad, lo saben y los que me conocen de mentira, lo
sospechan.
Me quiero detener
en algo que supera por mucho la victoria de unos o de otros. Porque en
definitiva, lo que está triunfando desde el 83 a esta parte, es la
democracia. En fin.
Me gustan las
historias de amor. Y no por el sentimentalismo pseudos estético, hablo de las
historias de amor con todos los condimentos, pasión, lucha, dedicación,
reconocimiento, entrega, sufrimiento y alegría. Porque creo, que las historias
de amor, tienen más colores que el hermoso rosa.
Suelo escribir,
como un encuentro conmigo mismo y así con el mundo, sobre distintas emociones y
acontecimientos de diferente índole. Pero, sobre éste tipo de amor no he
escrito nunca. Y es porque no me había dado cuenta de la necesidad. Y es que en
mi corta vida, he estado en contacto cercano con personas que saben desarrollar
la capacidad de amar en una dimensión y fuerza que me conmueve.
Mujeres y hombres,
bomberos. ¿No es momento de tener un
monumento a la mujer bombero? Es claro que entregar la vida por un ideal, nunca
fue patrimonio de un solo género.
Estas personas son
el reflejo de la verdadera sociedad que sostiene al mundo, que soportan
estoicamente la desidia de los que muchas veces nos olvidamos la verdadera
importancia del otro.
Tengo y he tenido,
amigos, conocidos, compañeros, alumnas, que exponen su vida gratuitamente por
los demás, porque no hay sueldo ni jubilación que alcance para “pagar” la vida
¿Son un ejemplo? Creo que algo más, son un lugar dónde mirar para darnos cuenta
que es necesario dejar de ver continuamente nuestro propio ombligo, que nos invita a dejar de rasgarnos las
vestiduras solamente por nuestros sufrimientos y para dejar de sobredimensionar
nuestras angustias. ¿Debe ser por eso, que no abundan, para nada, en los
consejos deliberante, senados o cámara de diputados, personas con éstas
características y profesiones?
No sé lo que
significa ser bombero, el coraje no me da para tanto, pero sé lo que aporta a
la sociedad, entrega y esfuerzo. De mañana, de noche, a cualquier hora, en la
ruta, en la ciudad, en el campo, con frío o calor, no hay descanso para el
bombero, porque si la urgencia es eso mismo, urgencia, su labor no se agota
simplemente en apagar el fuego. Buzos, pilotos, rescatistas, peritos, voluntarios y
policías, elijen ser profesionales que están dispuestos a perder su vida en pos
de la de otro ser humano.
Podría llenar de palabras dulces o de una poesía, pero
elegí esta forma. Concebir la vida a través de la entrega, hace que miremos la
vida como un evento maravilloso que nos interpela a salir de nuestras burbujas
y encontrarnos con el otro.
Gracias por
existir, gracias por tanta entrega.
Manuel.
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