La violencia viene de la ineptitud para resolver desde los problemas más pequeños, hasta los más complejos y masivos, pero....¿De dónde viene la violencia? Los
más creyentes dirán, procede del mal e incluso se atreverán a acusar a Lucifer
como único autor de la violencia. Ahora, pensemos en la violencia cotidiana, la
que nos asusta y la que nos enoja directamente en nuestras casas, esa violencia que incluso está más allá de
una pantalla y que es tan real que duele sin que nos demos cuenta, la que a veces no se nombra, la que se calla y se sabe que existe, pero no se admite, la violencia que habita y que preferimos verla a siempre afuera, para no hacernos cargo. Porque la
violencia es más que inseguridad, la violencia se ejerce con conciencia o sin
ella, se es violento y se aprende a ser violento. La auténtica violencia
incluso está más allá de las injusticias sociales, porque, si nos amparamos en
que la violencia es el resultado de una larga historia de injusticias basadas
en la mala distribución de las riquezas, entonces la solución definitivamente
es esperar nada más que el paraíso, resignación que parece atribuírseles sólo a
los cristianos. De lo contrario, si pensamos que la violencia simplemente viene
añadida a nuestras propias carencias, porque actuar violentamente es la carencia
de no saber persuadir o simplemente no aceptar que existe otro, entonces, la
violencia es algo más que una mera reacción, es parte de nuestras más profundas miserias. Está si, la violencia que nace como
reacción a la mentira, por eso, ese actuar violento ante el engaño, es un gesto
que nos muestra lo tan importante que somos para nosotros mismos por sobre los
demás, creernos con derechos eternamente inalienables. Somos violentos, nos hacemos violentos,al mismo tiempo, cuando nos sentimos impotentes, carentes de estrategias
para resolver una situación injusta o un conjunto de injusticias. La violencia
simbólica, que es aquella que de manera oculta aparece en las burlas a espaldas
o de frente, pero burla al fin. Está la violencia del discurso, que nace de
mentes que durante años han sido violentados y lastimados directa o
indirectamente, entonces elijen pararse desde el lugar eterno de víctimas para
generar venganza y más violencia al final. Está la violencia que es resultado
del olvido, porque nos asusta que nos olviden y despreciamos al mismo tiempo
nuestros recuerdos. La violencia complaciente, que es la que coquetea con las
mecánicas del poder político y económico, agita sin parar a más violencia. Está
la violencia que nace de las entrañas más profundas de la persona mansa y esa
violencia es muchas veces la del hartazgo y la venganza. Y también está la
violencia que genera la envida y la
frustración, de no saber por qué algunos parecen tan felices con una
pequeñísima parte de lo que creo necesitar para sentirme satisfecho de mi mismo
y no lo logro aunque me esfuerce, es decir, la violencia de la envidia es la
violencia del mediocre y del quejoso, que sabiendo que no necesita nada de lo
que desea, lo desea aún mas y cada vez que lo logra, simplemente sufre
queriendo más.

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